Give me shelter

Nos escondemos detrás de la cartera como quien sostiene un escudo frente al mundo. Caminamos aferradas al bolso, al miedo y a la bronca; cruzamos la calle y la vida sabiendo que ese objeto cotidiano es, en realidad, nuestra trinchera.

No me hace falta adivinar qué hay dentro del bolso de otra mujer: adivino el espejo del mío. Una manteca de cacao gastada, pañuelos de papel, una lapicera sin tapa. El libro que sacamos a pasear por la ilusión de leer un rato. Las llaves, las gafas rayadas por la lima de uñas, el juguete olvidado de un hijo.

En mis carteras ha habitado la historia y un mundo de maravillas que solo yo conozco bien. Una máscara de pestañas que no quise prestar y que esa noche en el bar me la robaron. Un celular que alguna vez me encontré. Una agenda y unos resaltadores que me dieron de regalo. Dinero, comprobantes sueltos. Y un montón de viejos amores que cabían enteros en mi bolso y de los que me negaba a desprenderme; no quería que se fueran. Quizá por eso, cuando regalo una de mis carteras más preciadas, dejo por fin escapar a esos seres queridos. Dejo que se vayan y, con ellos, todas las flores que junté, todos los viajes que hice y todos los cuentos que me contaron alguna vez.



Comentarios

Entradas populares