My hanging socks


A Florencia, mi amiga de la infancia, le daban nostalgia las medias que colgaban en la soga del patio de mi casa. No había mucha explicación, le gustaba mirar cómo se movían al viento porque "le generaba mucha ternura", decía, y lo recuerdo con claridad porque éramos muy chicas, teníamos unos diez años, y esa melancolía me parecía muy profunda para su edad. Me di cuenta de que la poesía de su tristeza me daba material para reflexionar sobre el mundo. Recuerdo también que en su casa había un enorme jardín de flores muy precioso, con árboles muy frondosos que a mí me atravesaban de lleno, pero no podíamos salir ni tocar nada, sino, Esther se enojaba con nosotras -Esther era la mamá de Flor-. Curiosamente, estaba lleno de rosales con espinas que muchas veces nos clavábamos sin querer y nos dolía tanto que preferíamos jugar adentro. Sin embargo en mi casa había un patio con una calesita para niños, algunos chiches de mi perra tirados en el suelo y medias colgadas en una soga, que mi amiga Voyeurista le gustaba mirar. 



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